El sábado pasado tuve franco en el trabajo, sin mucho para hacer en una tarde gris,
decidí ir a ver a uno de mis compañeros de laburo que juega al rugby en un
equipo local. El match prometía bastante, ya que se cruzaban los dos punteros
del campeonato y el que ganara sacaría una ventaja considerable y probablemente
irreversible de cara a la corona.
Así que con el mate y las galletitas me fui junto con mi
hermana Flor (quien también trabaja conmigo), a ver a nuestro compañero, donde nos encontraríamos con otra gente del
laburo. La primer conclusión al llegar a la cancha, fue lo equivocados que
estábamos con el mate…pese a que eran las 3 de la tarde, la gran mayoría del público
estaba escaviando, y demás… Merece un capítulo aparte lo que toman los maoríes,
no se puede creer…yo se que mucho macho argento debe estar pensando “naaah! No
toman nada, yo me clavo una botellita de fernet cómodo….” Vengan y vean, nada
más!
De rugby entiendo poco y nada, por eso no me voy a explayar
mucho…pero el partido estuvo muy bueno, a la altura de las expectativas. Por
suerte, aunque con un poco de sufrimiento, el equipo de mi amigo ganó, y me
liberó de la presión de que nos gasten por ser la mufa, ya que venían de una
seguidilla de victorias bastante larga! Jajaje
Aunque yo no creo mucho en eso, acá parece que son un poco
supersticiosos, como ejemplo les cuento que en los edificios no hay piso 13!
Como ya dije, vi muy poco rugby en mi vida, y sé que es
común alguna rosca durante el partido y al final está todo bien, y en los
terceros tiempos es todo buena onda. Pero acá el partido estuvo picante (con un
par de piñas importantes en el medio), casi que se definió el campeonato…y ni
bien el árbitro pita el final, filita india y a saludar al rival. Nada de
festejos, ni de bajar las pulsaciones, derechito a realizar el tradicional
saludo maorí llamado “Hongi”. El cual consiste en un apretón de manos, mientras
se juntan las frentes y las narices (por unos 2 o 3 segundos). La idea es
“compartir el aliento de la vida”, y según me explicó un Maorí, es la manera de
conocerte, de recibirte y de que ya no seas un visitante sino digamos “uno
más”.
Ahora si, todo listo para arrancar con los festejos y… “why
not”, tomarse una birrita, o tal vez unas cuantas!
Fue una tarde divertida, bien Neozelandesa, viendo un gran
partido de rugby en la casa de los campeones del mundo, y metiéndose un poco en
la intimidad de la cultura maorí que es muy interesante y está plagada de ritos
y celebraciones.


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